Mario Javier Velázquez Prado
La cita fue el pasado primero de agosto en el foro “La Bodega”, la obra se titula Ana María: estuve pensando a pesar mío. En donde al parecer Ana María desea comunicarse con alguien, tiene muchos inconvenientes para llegar a ese lugar, encontrarse consigo misma y manifestarse como mujer.
Esto es lo que tiene que luchar Ana María, una mujer solitaria que comienza un vínculo amoroso con un desconocido, que la graba y le muestra que no está sola que se tiene así misma y puede demostrar que es un ser independiente.
La obra se desarrolla en tres partes: una banca en donde habla una mujer despistada y que busca siempre ser aceptada por los demás, ya que siente la necesidad de tener una compañía con la que pueda hablar, una mujer que no tiene secretos para los demás y que constantemente está siendo acosada por la cámara, llena de ilusiones muestra que es una mujer sencilla. En medio encontramos a la mujer callada que no tiene miedo a demostrar o verse vulnerable ante la cámara, lo que demuestra que es un ser humano con defectos, sin lugar a duda es la principal, ésta mujer es Ana María, es ella en todo su esplendor y no tiene miedo a caer y dejar todo atrás para satisfacer las necesidades del que la graba.
La última es la graciosa, con tan sólo una botella de agua y un vaso, demuestra que cada que hace ruidos extraños, ésta mujer es callada y muy seria, sin lugar a duda es simplemente la parte que no muestra comúnmente a la gente con temores y que es algo que no quiere dar a conocer.
La obra es buena, ya que nos lleva a lo que todo ser humano tiene miedo a enfrentar. Su verdadero yo, ya que cuando estamos tan expuestos ante una cámara y somos conocidos por un extraño que sabe todo de nosotros, pero nosotros de él, nada.
Muestra el lado tan vulnerable de los humanos, cómo podemos llegar a ser ratones de laboratorio y nos muestra que con una cámara delante de nosotros somos nada, simplemente somos personas vacías y cuando estamos solos nos mostramos como verdaderamente somos.
Ana María muestra a tres mujeres, nuestras etapas de la vida; la niña que no tiene miedo a demostrar lo que en verdad es, y que se deja filmar por un desconocido; la que le habla a extraños que no tiene la menor idea de quien es, pero no tiene miedo a que le ocurra nada, ya que ella es libre; la vieja que es la que se siente sola y que nadie la comprende, esa mujer que no entiende cómo ha pasado tanto tiempo y cómo ha llegado a ser una mujer sin nadie a su alrededor; y su verdadera persona, esa que anda todos los días demuestra a la real Ana, cautelosa pero siempre siendo una muestra de lo que puede ser ella, sin temores y mucha decisión.
No dejemos de lado al hombre misterioso que le habla en las noches, demostrándole que sabe todo de ella, sabe su nombre, sabe que está despierta y no le menciona nada, simplemente se limita a decirle porqué le habló y porqué está hablándole a esas horas.
No sabemos nada de él, simplemente la filma para demostrarle que Ana María es una persona más, no sabemos porque hace eso o cual es el fin de hacerlo. Simplemente le demuestra que ella puede reconocerse y demostrar que es una persona y que no está sola, ya que siempre va a tener a alguien especial en su vida, a ella misma.
Ana María, lo sabe y con la frase “ya se, me voy de aquí”, sale del lugar en donde la estaban filmando. Ella dice, “estuve pensando a pesar mío”. Simplemente una obra que estuvo muy bien, la actuación de Graciela Strappa fue genial ella demostró muy bien todas las personalidades que podemos tener y sacar hasta el niño que llevamos dentro.

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