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17 ago 2011

¿Qué tiene de bueno el cine?

Iveth Laguna



La temporada de verano suele significar temporada de grandes estrenos cinematográficos. Son los días, las películas, que la mayoría de las personas esperan con ansias por lo mismo de que prometen ser las mejores del año. Pero, esta vez ha sido la gran excepción.
 
En blurp, ya hablamos de Harry Potter 7, parte 2; el que muy probablemente sea el mayor estreno de este 2011, aunque sea nada más por la expectativa de ver en pantalla gigante el desenlace  de “El niño que vivió”. 

De ahí en fuera, parece que las compañías se pusieron de acuerdo para defraudar a propios y extraños.

Es lo que tiene apostar por adaptaciones de comics: que ya hay fanáticos de la historia que están esperando ver no los aciertos, los errores en cuanto a continuidad y coherencia de acuerdo al comic. Y no se crea que el público no amante de los comics será más dócil, pues de hecho suele no ser atraído por este tipo de películas.
 Parece lógico, ya que, después de todo, si uno quisiera conocer las hazañas de los súper héroes, leyera el cómic en lugar de estar esperando a ver cuándo y a quién se le ocurre sacar la versión en 24 cuadros por segundo.

A la gente menos le dan ganas de ir al cine cuando se pone a pensar en el gasto que implica, pues simplemente el costo del boleto supera los $50, y las palomitas, botana-accesorio cinematográfico por excelencia, no se quedan muy atrás de mencionado precio.

Otro punto en contra es cuando se trata de una película de las llamadas taquilleras, pues puedes apostar que la sala se va a llenar y si no llegas temprano, por creer que “no es para tanto” o por incidencias de la vida, lo más seguro es que te toque el peor asiento.

Que bien puede ser hasta abajo, en la incómoda primera fila; o en cualquier otra pero justo al lado de una de esas personas que ya vio la película, o leyó el libro o cómic o vió pero la versión original y no un refrito, y no puede quedarse callado. Claro que no, esa persona está en todo su derecho de arruinarle el final a toda una sala.

Y ni hablemos de esa gente que parece que va al cine para platicar lo que nunca con sus amigos. Como si lo hicieran a propósito, hasta levantan el tono de voz y repiten las mismas idioteces ¡Y hasta dicen que por supuesto que a nadie le importa que estén gritando!.
Lo realmente bueno del cine, sobre todo en las trágicas temporadas de pésimas películas, parece ser la compañía que cada quien lleve. El salir de la rutina y por unas horas olvidarse de la carga de problemas que pueda traer uno. A menos que la película sea dramática y nada más sirva para recordarnos la cantidad de barbaridades que tenemos que soportar en el día a día.

Visto de esta manera, parece que lo único bueno que le queda al cine es la pantalla gigante, que se puede arruinar fácilmente con la gente que pasa buscando asiento o que a media matanza se le ocurre salir por palomitas; y el sonido envolvente, que ya no parece tan potente si a alguien le suena el celular y ese alguien es de los que no hablan ¡gritan!
En definitiva, lo mejor por ahora es mantenerse alejado del cine y mejor rentar películas, verlas ya compradas, o bajar los estrenos de internet.

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