Mario Javier Velázquez Prado
Ésta obra se presentó el tres de agosto en el foro “la bodega”, la obra está basada en el cuento de Francisco Hinojosa “A los pinches chamacos”. Los niños perdidos responden a la necesidad de hacer evidente una sociedad en la gran urbe: La violencia familiar.
Comenzamos con la historia de que el niño no sabe cómo se llama, siempre se han dirigido a él como “pinche chamaco” en donde nos narra su historia y la de sus dos amigos.
Rodrigo es como el mayor de los tres, y el típico niño que siempre sabe todo y ha experimentado de todo, por cómo ha sido tratado. Es un niño un tanto agresivo y no tiene miedo a nada, siempre ha hecho lo que quiere y no le da miedo nada.
Después continuamos con la niña Mariana, que dentro de sus pocos ataques había sido el meter a un gato al microondas, era la niña que gracias a la actuación de Esteban Castellanos, parecía más niña fresa de altozano, que niña de vecindad del Distrito federal.
Los tres siempre tratados por sus padres con maldiciones y golpes, no tuvieron otra opción que salir a la calle a averiguar que era el estar solos, en donde jugando con un arma a ser vengadores de una realidad, les cambia la vida.
El primer muerto de Rodrigo fue el señor de la tiendita, esa tiendita que como en todas las ciudades existe, con un viejo gruñón y malhumorado.
Sólo fue una experiencia más que ningún niño debería tener en este país en donde un muerto, sólo representa un número más en las listas de éste México que ya se ha vuelto costumbre, que ya no sorprende a las personas, y claro el señor de la tiendita fue un asalto más.
Así la obra va tornando en los seis días que los niños estuvieron fuera de sus casas siguiendo con otros dos asesinatos, el primero por parte de Rodrigo y el segundo por parte de Mariana.
La obra claro que llega a representar esa vida que pueden pasar los niños que a tan corta edad no saben lo que es vivir en la calle y que lamentablemente debido a la ola de violencia que aqueja al país, pues podemos encontrar una pistola por todas partes.
Lo lamentable es ver como la niñez mexicana tiene que llegar a estos extremos. Me pregunto, ¿en cuántos hogares de nuestro México querido no ocurre esto, y después, ¿por qué hay tanto ratero en las calles? O tal vez, ¿qué clase de persona mata a otra?
Pero gente por dios, nosotros somos los causantes de esto, lo somos porque tratamos a los niños así, ya que ellos crecen con violencia y por ende son generadores de violencia. La actuación de Esteban Castellanos sin duda alguna fue buena, el único inconveniente fue que Mariana una niña que debía ser un poco pícara y con aires de niña rebelde, soñaba tal como una niña fresa de ciudad con más huevos que un hombre, pero al final una niña muy fresa.
Los niños estuvieron increíbles y sin duda alguna su actuación fue muy buena, a Rodrigo lo representó muy bien y ni que decir del “pinche chamaco”, sin duda alguna el mejor de los tres. La historia creo logró su cometido de hacer reír lo logró, y aún más con la frase, “si mueres de un balazo te vas al cielo”, la cual dio qué pensar.
A mi parecer la mejor fue la de mariana, “puta” pero con su acento tan marcado era indiscutible no reír.
El final es muy dramático y un poco predecible, ya que se veía venir al momento que Rodrigo mata a su papá, entonces por ende cualquiera de los niños podría seguir los pasos del mayor y demostrar que cualquiera de los dos estaba dispuesto a hacerlo.
Simplemente fue un deleite ver este tipo de obras en Morelia. Es un teatro que realmente vale la pena y el cual da gusto asistir, aunque esté lloviendo.

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